Al sur de Italia y a poco más de una hora de Nápoles, encontramos los tesoros de la Costa Amalfitana, que fue una de las repúblicas más importantes del Mediterráneo en el s.XII. Esta región era también uno de mis destinos más deseados y confieso que colmó todas mis expectativas. A lo largo de unos 40 km de costa tan atractiva como accidentada, encontramos tesoros culturales, artísticos y naturales… ¡Un placer para los sentidos y para la cámara fotográfica!

En este artículo os propongo una selección de 6 lugares para visitar. Se trata de una zona muy frecuentada, por lo que mi recomendación es viajar en primavera y desplazarse en transporte público, para disfrutar al máximo y sin agobios. Si se quiere vivir la experiencia de conducir por sus carreteras con curvas, como un habitante más de la Costa Amalfitana, siempre existe la opción de un coche de alquiler o incluso de una moto para los más atrevidos. Otra forma imprescindible de desplazarse es en barco, ya que existen múltiples trayectos entre localidades de la costa, para disfrutar de la belleza de su paisaje desde el mar. Además, con la Campania Artecard puedes obtener entradas a monumentos y beneficiarte de descuentos.
Capri
Empezamos nuestro recorrido por la famosa isla de Capri. Más allá de su histórico glamour, esta pequeña isla realmente impresiona por sus paisajes y su encanto. Se pueden visitar sus principales atractivos en un día aunque, si se quiere explorar con más tiempo, es recomendable buscar alojamiento con antelación. Es posible llegar en barco desde varios puntos de la costa, como Sorrento, Positano, Amalfi, o también desde la propia ciudad de Nápoles.
Sea cual sea nuestra elección, nos recibe la pequeña y colorida localidad portuaria de Marina Grande. Desde allí mismo, se puede salir en barco para realizar un recorrido alrededor de la isla y admirar su escarpada costa y los famosos Faraglioni de roca en el mar. Hay diferentes compañías y opciones, pero en ningún caso dejéis de visitar la Gruta Azul… no se puede definir con palabras. También desde Marina Grande, parte el funicular que sube a la ciudad de Capri, donde callejear y comer en su Piazzetta.

Pero la isla ofrece muchas más opciones. Desde un paseo en descapotable por sus carreteras escarpadas a admirar las vistas desde sus miradores y parques, ir de tiendas por la ciudad de Capri o recorrer la Via Krupp, un impresionante sendero tallado en el acantilado (aunque es posible encontrarlo cerrado por seguridad).

Praiano
Aunque menos conocido que otros pueblos de la zona, Praiano nos recibe también con múltiples encantos. Es el lugar que elegí para alojarme durante mi estancia en la Costa Amalfitana, con buenas comunicaciones con el resto de la costa y algo más tranquilo y económico que otras localidades.
Además de sus estupendas vistas, me gustaron especialmente la Iglesia y Piazza de San Gennaro, famosa por la celebración de la Luminaria de San Domenico, en verano, cuando se llena de miles de velas por la noche.

Positano
He de reconocer que mi deseo de visitar la Costa Amalfitana era debido, en gran parte, a Positano… ¡y bien merece su fama! Cada rincón de este encantador pueblo enamora, y por ello atrae a una gran cantidad de turistas. Para amantes del senderismo que estén en buena forma, hay varias rutas que llegan a este icónico núcleo de la costa, como el Sentieri degli Dei, aunque es conveniente informarse bien del recorrido y el desnivel. Hay igualmente autobuses frecuentes a lo largo de toda la costa, así como rutas en barco que traen y recogen turistas durante todo el día.

Una vez nos adentramos en sus calles, que en realidad es una única y larga calle de la que van surgiendo escaleras, disfrutamos del ambiente animado hasta llegar al centro. Allí encontramos la Iglesia de Santa Maria Assunta, cuya cúpula es la imagen más representada e inconfundible de Positano. En su interior, alberga un belén napolitano, algo que es habitual encontrar en muchas iglesias de la zona. Además de pasear junto a su imponente playa y alquilar una tumbona, nada económica, es difícil resistirse a las numerosas tiendas con recuerdos como sus cerámicas o el Limoncello, tan típico de la zona.

Pero no acaba aquí el recorrido por Positano pues, una vez pasado el embarcadero, continúa un agradable sendero por el acantilado hasta la Playa de Fornillo, más pequeña y rocosa, y también mucho más tranquila. Está flanqueada por dos torres vigías y en su extremo final disfruté de uno de los momentos de más paz y felicidad en este viaje,al sentir mi sueño hecho realidad.

Ravello
Nuestra siguiente parada es Ravello, que se encuentra subiendo desde Amalfi a unos 365 metros por encima del nivel del mar. Las vistas desde este pueblo de aspecto medieval realmente merecen la pena. Para disfrutarlas, lo mejor es una visita a la Villa Rufolo, de estilo árabe y 800 años de antigüedad, con jardines sobre terrazas. Qué mejor entorno para asistir a un concierto del festival de música de Ravello que se celebra cada verano e incluye desde música de cámara hasta ópera, danza y jazz.

La catedral de Ravello es otro de sus tesoros, de la que yo destacaría su hermoso púlpito del siglo XIII de mármol e incrustaciones, con columnas soportadas por unas simpáticas estatuas de leones.

Amalfi
Conocer Amalfi, que da su nombre a toda la costa, es al mismo tiempo recordar su interesante historia como sede de la importante República de Amalfi en la época medieval. Hoy en día, es una localidad que atrae a numerosos viajeros, que llegan tanto por carretera como en barco desde otros puntos de la costa y recorren sus típicas calles llenas de comercios y restaurantes.

La Catedral de San Andrés Apóstol impresiona con su imponente escalinata hasta la entrada. Ya en el interior, no deja indiferente la diversidad de estilos y obras de arte que recoge: desde el Claustro de influencia árabe-normanda hasta su rica decoración barroca, pasando por la cripta con la tumba de San Andrés y el resto de piezas que se pueden visitar en el museo.

Otro de los lugares que más me gustó de Amalfi, un poco alejado del centro y menos frecuentado por turistas, es el Museo del Papel (en italiano Museo della Carta), del que os hablé hace tiempo en otro artículo sobre museos sorprendentes. Se encuentra en una antigua fábrica de papel y durante el recorrido se puede comprender la importancia que tuvo esta localidad en la historia de la manufactura del papel.
Atrani
A unos minutos andando llegamos a Atrani, localidad más pequeña y tranquila que Amalfi, pero igualmente preciosa, que no debe faltar en nuestro recorrido. Se trata de un pueblo pesquero, de calles estrechas y una pintoresca plaza, que además es uno de los municipios más pequeños de Italia.
Qué fantástico descubrimiento fue saber que el ilustrador Escher, uno de mis artistas gráficos favorito, se inspiró precisamente en Atrani para una serie de litografías muy conocidas.

Y aquí terminamos este recorrido por la bella Costa Amalfitana, espero que os haya gustado y os animéis a descubrirla por vuestra cuenta. Sin duda, hay muchos más pueblos y rincones que disfrutar, por lo que es un destino para repetir. Si ya la conoces, ¿qué es lo que más te gustó? Te leo en comentarios.
