En este artículo, os quiero proponer una ruta de algo más de 300 km por la costa sur de Francia, comenzando en la ciudad de Marsella y terminando en Menton, justo antes de llegar a la frontera con Italia. Se trata de una zona de carácter mediterráneo, con muchos lugares de interés para visitar, que combina ciudades históricas, con pequeños pueblos de pescadores, paisajes de montaña y hermosas playas.

Playa de Marsella

Este recorrido por el sureste de la región de Provenza-Alpes-Costa Azul se puede hacer en unos 10 días con coche. Al ser una zona muy turística, yo recomiendo temporada media o baja, para disfrutar mucho más, sin agobios de gente y a precios más razonables, aunque en general las opciones de alojamiento según las ciudades pueden resultar un poco caras… ya se sabe, ¡el precio del glamour!

Marsella es la segunda ciudad en población de Francia, lo que unido a su fama de “caos” y su buen clima, la convierte en un lugar bullicioso, con mucha vida en la calle. Este ambiente animado confluye en su puerto, punto de encuentro donde casi a cualquier hora puedes encontrar gente paseando o tomando algo en los bares de la zona, artistas callejeros, etc.

Puerto de Marsella

Su historia es muy interesante, si queréis conocer lo principal, una buena opción puede ser un Free Tour por el centro. El barrio de Le Panier, la zona más antigua, bien merece un paseo por sus preciosas calles. Notre Dame de la Garde y la Estación son también algunos de los monumentos más llamativos.

Saliendo de Marsella por la costa hacia el Parque Nacional des Calanques, se pueden disfrutar de hermosas vistas, aunque para poder llegar a las calas de piedra blanca es necesario dejar el coche y hacer una buena caminata. Una agradable parada para comer por la zona es Cassis, pequeño pueblo pesquero que conserva su encanto de antaño.

Nuestro siguiente lugar de visita es Toulon, cuyo centro peatonal acoge varios museos y sitios de interés. La subida al teleférico para admirar las vistas es imprescindible, aunque en nuestro caso nos quedamos con las ganas por culpa del viento.

Hyères

Siempre por la carretera de la costa, llegamos a Hyères, ciudad medieval realmente bonita, con su labertinto de plazas y calles de piedra empinadas, que suben hasta los restos del castillo. También es conocida como la capital de las palmeras.

Nuestra ruta nos lleva a continuación a Saint-Tropez, famoso lugar de veraneo. A los pies del puerto con sus yates de lujo, comienzan las calles adoquinadas del centro, con numerosas tiendas de firmas y edificios antiguos. Después de una subida suave a la ciudadela, se puede disfrutar de la panorámica y visitar el interesante Museo de Historia Marítima de Saint-Tropez, que conserva varios mapas antiguos y otros objetos relacionados con la navegación.

Puerto_Saint_Tropez

Saliendo de Saint-Tropez, hacemos una breve parada en Port Grimaud, un curioso pueblo creado en una laguna cerca del mar, donde las calles son canales y los edificios se unen mediante puentes.

De camino a Cannes, nuestra ruta costera nos hará disfrutar de preciosas vistas, con miradores a lo largo del camino, y de pueblos como Sainte-Maxime o Saint-Raphaël. Conducir por las pequeñas carreteras de costa nos hará ir un poco más lentos que por autopista o carreteras principales, pero creo que merece la pena para empaparse del lugar.

Costa Azul

Y llegamos a Cannes, que se convirtió en destino de moda a finales del siglo XIX y hoy en día es una ciudad famosa por su festival de cine. Allí podrás disfrutar de un paseo por el lujo de la Croisette (su paseo marítimo), y también conocer su casco antiguo, con estrechas calles empinadas y llenas de historia, como el último refugio del misterioso “hombre de la máscara de hierro”, cuya identidad real aún hoy se desconoce.

Cannes y el séptimo arte

En este punto, nuestro recorrido se dirige al interior, para descubrir algunos pueblos con mucho encanto, situados entre montañas. El primero de ellos es Mougins, con su casco viejo circular, que ha sido residencia de artistas como Picasso, fallecido aquí a los noventa años.

Nuestra siguiente visita es Grasse, cuya ciudad vieja se conserva como hace siglos. Pasear por sus calles, visitar su catedral toda de piedra, o conocer alguna fábrica de perfumes, son algunos de los encantos de este lugar enclavado en la montaña.

Grasse

Antes de volver a la costa, terminamos este recorrido en Vence, otro pueblo medieval cuyo principal atractivo es su casco histórico con los soportales, calles de piedra concéntricas, torres y puertas… a la caída de la tarde cobra todo su misterio. Para una bonita panorámica, se puede ir hasta la Capilla del Rosario, a las afueras del pueblo, diseñada y decorada por Matisse en 1951.

A lo largo de la carretera que hace este recorrido, podemos disfrutar de vistas estupendas, pasando también por otros pueblos como Le Bar-sur-Loup o Saint-Paul-de-Vence. Una escapada de un día y volvemos de regreso a nuestra ruta costera.

Mercado_Provenzal_Antibes

La siguiente parada es Antibes, una pequeña ciudad muy bonita. Un paseo por la parte vieja nos hará descubrir tesoros como su catedral, el castillo de los Grimaldi (hoy dedicado a uno de los Museos Picasso que podemos encontrar en la Costa Azul) y su precioso mercado cubierto, típicamente provenzal, donde comprar por ejemplo las famosas pastas para untar de infinitos sabores. También podremos encontrar bonitos souvenirs en las tiendas del centro, decoradas con mucho encanto.

A continuación, llegamos a Niza, cuya fama es totalmente merecida. El famoso Promenade des Anglais (paseo de los ingleses) junto al mar, que rodea toda la ciudad, nos lleva hasta la colina del Castillo (del que quedan las ruinas). Después de subir en ascensor o por las escaleras, descubriremos unas vistas espectaculares y una panorámica inolvidable de Niza. La ciudad vieja también es un sitio para perderse y callejear, acabando en el Cours Saléya, una de las calles con más ambiente por sus bares, restaurantes y un mercado al aire libre por las mañanas.

I_Love_NizaLa última etapa de nuestra ruta por la Costa Azul pasa por Monaco, una ciudad-principado en un lugar privilegiado rodeada por un entorno de montañas. Sobre la roca o peñón se encuentra la parte vieja de la ciudad, que alberga el Palacio y la Catedral, entre otros monumentos, y que disfruta de unas bonitas vistas hacia el mar. Ya abajo, recorremos el puerto con sus yates de lujo para llegar a Montecarlo, el distrito donde se encuentra el famoso Casino ubicado en un edificio monumental, obra del arquitecto que hizo la Ópera de París.

Casi en la frontera italiana, terminamos como broche de oro en Menton, uno de los pueblos más bonitos de la Costa Azul. Famoso por sus limoneros, ofrece un clima cálido y un lugar tranquilo para recrearse paseando por el puerto, recorrer el caso cantiguo y, para los que nos gustan las alturas, subir hasta el cementerio antiguo donde disfrutar de unas vistas fantásticas, que quedarán siempre en nuestra memoria.

Menton

Espero que después de todo esto, se os hayan despertado las ganas de recorrer la Costa Azul tanto como yo la disfruté, estoy segura que no os defraudará.

¿Qué es lo que más te ha llamado la atención? Los pueblos de pescadores, sus ciudades medievales, o tal vez los largos paseos al borde del mar… Si te apetece conocer un poco más, no dudes en preguntarme en los comentarios, te responderé encantada.

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